Trump abre la guerra comercial del acero y el aluminio

Trump abre la guerra comercial del acero y el aluminio

El anuncio del presidente norteamericano Donald Trump de instaurar aranceles sobre las importaciones de acero y aluminio generará una fuerte polémica. Y aún la empeora el hecho de que la haya convertido en un instrumento para señalar a los países a los que considera «buenos» o «malos» aliados, lo que puede acabar dañando la confianza en las relaciones transatlánticas, incluyendo el campo de la defensa, algo nunca visto en más de medio siglo. El vicepresidente de la Comisión Europea, Yuri Katainen dijo ayer que esperaba que estos aranceles no se apliquen a la UE igual que ha sucedido en el caso de México y Canadá y le ha advertido a Estados Unidos de que Bruselas no admitirá que aplique reglas diferentes a ciertos países. «No podemos aceptar que la UE sea dividida en categorías diferentes», ha dicho el finlandés después saberse que Reino Unido ya ha dicho que pediría ser excluido, al socaire de las negociaciones de su salida del club comunitario.

La comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, se reúne hoy con el representante para el Comercio de Exterior de Estados Unidos y asesor de Trump, Robert Lighthizer. Teóricamente la Comisión insiste en que no tomará ninguna decisión hasta que no conozca los detalles concretos y «vea claridad» en los detalles de la propuesta de Trump. Pero por si acaso también ha excluido que de esta reunión de hoy vayan a salir resultados concretos y definitivos sobre qué dirección tomar.

En todo caso, el asunto ha adquirido una dimensión completamente nueva al englobar al mismo tiempo una división entre las dos orillas del Atlántico con las dificultades para mantener la cohesión interna dentro de la Unión sobre un tema tan sensible, con el aliciente impredecible de que todo se mezcle tanto con el Brexit como con la situación dentro de la OTAN. No se puede olvidar que esta crisis se produce al mismo tiempo que Trump ha anunciado -igual de inesperadamente-una reunión con el dictador norcoreano, sin tener en cuenta tampoco la opinión de Japón, que es a su vez otro de los países que puede ser perjudicado por los aranceles al acero. El ministro de Comercio japonés, Hiroshige Seko,viene también a Bruselas para pactar una estrategia conjunta con Malmstrom. China, que es en realidad el objetivo de los dolores de cabeza del mercado siderúrgico mundial, contempla toda esta batalla desde lejos.

Katainen insistía ayer en recordar que Europa «es el aliado de seguridad más natural de Estados Unidos y viceversa» y que «somos un aliado, no una amenaza» para Washington, a pesar de que Trump ha incluido en su razonamiento el hecho de que considera que hay países dentro de la OTAN que perjudican a su país porque pagan poco a la Alianza o gastan menos de lo que desearía en defensa. La obsesión de Trump parece señalar directamente a Alemania y su papel dentro de la Alianza, teniendo en cuyenta que es también probablemente el país de Europa más perjudicado por los aranceles.