Cinco futuros maestros contra el huracán María en República Dominicana

Cinco futuros maestros contra el huracán María en República Dominicana

Que tu estancia como estudiante internacional en un país extranjero a miles de kilómetros de España comience con un huracán no parece la mejor bienvenida. Sin embargo, eso fue lo que se encontraron cinco alumnos de los grados en Educación Infantil y Primaria de la Universidad Católica de Valencia (UCV) a su llegada en el mes de septiembre a República Dominicana.

Luis Brunchú, Claudia Franch, Iñaki Masip, Cintia Matíes y José Muñoz se hallan en la nación caribeña gracias al Instituto Calasanz y las Escuelas Pías, realizando las prácticas de una beca Mundus en la Escuela Parroquial San Pedro, en la localidad de La Romana, situada al sureste de la isla principal del país.

La Romana se encuentra en la zona menos afectada por el paso del huracán María, que llegó a República Dominicana el 19 de septiembre y afectó especialmente al norte de la isla. A pesar de ello, los cinco estudiantes de la UCV tuvieron que ser acogidos en la residencia que los escolapios tienen en la misma ciudad, pues el techo de la casa donde viven habitualmente es de zinc.

Tras el desastre meteorológico, que dejó 27 muertos en República Dominicana, los cinco alumnos de Magisterio se dirigieron con una ONG local hacia Seibo, una población situada en la parte más maltratada de la isla. Junto a aquellos que realizaron atención médica, los jóvenes de la UCV repartieron alimentos y, fundamentalmente, tuvieron la función de entretener a los niños con diferentes actividades mientras sus padres hacían cola para ser atendidos.

“Vivimos emociones muy fuertes pero fue también una experiencia gratificante. Pasamos el día jugando con los niños, pintando caras o dibujando, además de repartir comida mientras ayudábamos con el edificio habilitado para atención médica. Nunca antes había vivido una situación de pobreza tan extrema, con personas y familias que lo habían perdido todo. Y aun así, mantenían la sonrisa”, relata Claudia.

PELEAR POR UNA GALLETA

De igual modo se manifiesta José, que recuerda esos momentos como “muy impactantes, a la vez bonitos y difíciles”. De hecho, aún no cree haber “asimilado” todas las situaciones personales que contempló allí: “Nunca antes había visto a gente pelear por una galleta, a niños hambrientos y enfermos, a madres solas con hijos y suplicándote, a hombres muertos de hambre y enfermos que, a pesar de su edad avanzada y seguir trabajando casi sin sueldo, son honestos y tienen caridad”.

Para Luis fue un día “muy duro”. No puede encontrar palabras “adecuadas” para describir todo lo que sintió, pero cree que consiguieron el objetivo “de hacer pasar a los niños una mañana divertida”.

Cintia, a la que un virus retuvo en La Romana, confiesa la “gran impotencia” de no haber podido acudir a Seibo para ayudar a sus compañeros. No obstante, escuchar que dieron su comida “para la gente de allí”, y que “se les cerró el estómago” ante la complicada situación de los cientos de personas que vieron ese día, le hizo comprender que iba a pasar tres meses en el Caribe “con las personas indicadas”.

En referencia a la experiencia vivida por estos cinco estudiantes, Juan Carlos Valderrama, vicerrector de Relaciones Institucionales de la Universidad Católica de Valencia, asegura que la labor social realizada en República Dominicana, es “fruto de la interacción entre las virtudes humanas y espirituales de los alumnos y la formación académica recibida en la UCV; lo que convierte esta experiencia internacional en un acontecimiento vital”.

UNOS MIEMBROS MÁS DEL CLAUSTRO DOCENTE

Aparcada su labor en Seibo y ya inmersos en sus prácticas diarias en la escuela San Pedro, los cinco futuros maestros se levantan muy pronto para acudir a las siete de la mañana a sus clases, en las que trabajan junto a un maestro tutor hasta el final de la jornada docente, a las 15.30 h. La tarde se invierte en descansar un poco, hacer la compra, realizar trabajos, apuntalar el Practicum y el TFG, y preparar clases. También es común que hagan deporte; suelen acudir a un instituto cercano a practicar baloncesto o fútbol con alumnos del centro. Finalmente, tras una cena temprana a las siete de la tarde y una película o serie de televisión se van pronto a dormir. Las excursiones y viajes playeros se reservan para el fin de semana.

Los cinco estudiantes de la UCV destacan el buen trato recibido en el colegio por parte del equipo docente y de los alumnos. Mientras que Luis afirma sentirse “como en casa”, Claudia describe como “increíble” esa acogida y subraya que los profesores del San Pedro confían en ellos y agradecen “cada una de sus aportaciones”. Ellos les corresponden, “desde la humildad”, intentando “sumar, colaborar en todas las actividades propuestas y aportar otra perspectiva de la educación a partir de las carencias que pueden observar”.

“Es cierto que somos ‘los de prácticas’ pero la sensación que me dio desde el momento en que empezamos aquí es que pertenecíamos al cuerpo de docentes de la escuela. Y, puesto que se nos trató como tal, nuestro papel es ayudar y aprender al máximo de nuestros compañeros”, explica Cintia.

Iñaki, por su parte, remarca de la experiencia Mundus la importancia de aprender a trabajar “en un contexto tan distinto al de España”. Vivir dos realidades tan diferentes, en su opinión, les ha permito descubrir a los cinco que pueden desarrollar su futura profesión “en cualquier situación educativa si el interés es enseñar y educar”.

José hace hincapié en el descubrimiento de un punto de vista “muy diferente” a nivel educativo y humano, y de la no dependencia de grandes recursos económicos y materiales “para hacer grandes cosas”. Como maestra en ciernes, Claudia se queda con la “sencillez y la ilusión” adquiridas, con aprender a trabajar con poco y, sobre todo, con que el niño sea el “centro de la enseñanza”.

“Hacer las prácticas en las periferias ofrece una manera distinta de ver la educación y la formación como docente. He aprendido a crear, principalmente, nuevas formas de educar e instruir gracias a la diversidad de alumnos que hay aquí dentro de un aula. También está siendo una oportunidad para darme cuenta de cuáles son mis puntos fuertes y débiles como maestra”, asevera Cintia.

ENAMORADOS DEL ALMA DOMINCANA

Como el resto de sus compañeros de aventura, Cintia está “enamorada” del alma dominicana: “En este país te dan la gran lección humana de que no se necesita de todo para ser feliz. Los dominicanos están muy contentos con lo poco que tienen, y ese poco que tienen lo comparten con los demás. Creo que aquí la gente es más feliz que en España”.

En esa misma línea se manifiesta Claudia, que asegura que los dominicanos le han hecho “sentir parte del país, quererlo e integrarse; siempre ofrecen su ayuda. La actitud con la que afrontan la vida es envidiable”. Así, señala que la nación caribeña ha conquistado su corazón y le ha hecho “cambiar y crecer”.

La personalidad dominicana es “alegre y abierta”, según indica Luis. Se trata de personas “generosas, muy espontáneas y apasionadas del baile”. A la belleza de sus gentes, el estudiante de la UCV suma la del propio país, “un tesoro natural” de playas, montañas y bosques.

Quizás un buen resumen de la experiencia vivida por los cinco futuros maestros formados en la UCV lo hace Iñaki: “Con el paso del tiempo, creo que seremos aún más conscientes de lo privilegiados que hemos sido en este país. Estamos conviviendo con personas que siempre llevaremos en nuestros corazones y somos conscientes de que esta experiencia ha sido la mejor de nuestra vida por haberla compartido con ellos”.