Los atentados sí afectan al turismo

Los atentados sí afectan al turismo

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha salido corriendo a intentar restar importancia al impacto en el turismo de los recientes atentados. Ha asegurado que, por ahora, no se nota el posible efecto. Lo ha hecho tan rápido, precisamente, porque sabe que la realidad será la contraria y porque pretende minimizar un problema que, sin duda, surgirá.

Resulta difícil evaluar el impacto exacto de los dos ataques -Barcelona y Cambrils- en el turismo español. Pero, igual que el efecto del denominado “turismo prestado” nos benefició el año pasado por la inseguridad en otros destinos del Mediterráneo, ahora, la inclusión de España en la lista de países con atentados, dejará de su huella.

En 2016 llegaron a nuestro país 75,3 millones de turistas internacionales, lo que supuso un aumento del 9,9% en relación al año anterior, según las estimaciones del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital. Esa cifra incluía esos turistas “prestados”: viajeros que tenían previsto visitar otros países del Mediterráneo y, por razones de inseguridad en algunos de esos destinos, optaron finalmente por España. El colectivo prestado se estimó el año pasado en hasta cinco millones de personas.

Los analistas prevén una concentración del efecto en la capital catalana. Admiten, a diferencia de Colau, que sí se notará en la contratación futura de viajes a Barcelona y añaden que tendrá impacto, especialmente, en el colectivo asiático, más sensible a la inseguridad que el viajero europeo que acude a las playas españolas.

Los hoteleros catalanes coinciden con este análisis, especialmente por el ejemplo de lo ocurrido en París y Londres. Y el análisis de la propia Merryl Linch para uno de los grupos hoteleros ha recogido ya una caída de los ingresos por habitación en los próximos dos meses de un 7%.

Hasta ahí, el análisis puro del impacto de los atentados. Pero, a nadie se le escapa la existencia de factores adicionales. Uno de ellos, el clima ofensivo generado por quienes deberían haber defendido esta industria -generadora del 13% del empleo en Cataluña- y que, lejos de haber ayudado a la buena imagen del turismo, defienden aún hoy y abiertamente una turismofobia que hace complicado que el viajero internacional piense que va a contar con la complicidad de las autoridades. Especialmente cuando la campaña está lanzada por el partido que soporta el Gobierno autonómico -la CUP-. Y dos, porque, más allá de los atentados, la polémica de la negativa a poner bolardos o del descontrol de las casa okupa como la de Alcanar, ha dejado una sensación general de despreocupación por la seguridad, de desatención de las cuestiones importantes.

Y todo ello sumado, diga la que diga Colau, tendrá consecuencias negativas.