Pacta sunt servanda. Por FRANCISCO CAMPS

Los pactos obligan. Los pactos han de honrarse. 2.000 años recorridos entre honor y obligacion.

En la antigua Roma, la estima, celebridad, el buen nombre, la dignidad, personal y familiar, se destruían cuando no se cumplía la palabra dada. Esta cualidad no se compra, no se vende, se obtiene con el paso del tiempo, y de las generaciones en el caso de las familias, los pueblos, las naciones.

El Presidente Rajoy y el gobierno están exigiendo el cumplimiento del Pacto de la nación -plasmado en la Constitución refrendada- al Govern de la Generalitat de Catalunya. Lo exige como lo hace quien atiende a los resortes del estado de derecho, porque la ley se cumple, y la ley de leyes, fruto del referéndum del 78, se cumple de manera suprema e insoslayable.

La Ley hecha por el pueblo y, sus leyes de desarrollo hechas por los representantes del pueblo, alcanzan cualquier decisión política que en su traducción administrativa incumpla la norma, y detrás de cada aplicación concreta está la mano de un funcionario a los que, de manera espurea, arrastra al ilícito un heterodoxo grupo de políticos fuera de toda lógica intelectual y, ojo, con proyecto sociales y económicos dispares no compartidos -y, parte importante del mismo, con ideologías totalitarias y antidemocráticas-.

Pero no quiero detenerme en el pacto que obliga al “otro”, y por lo tanto es exigible desde el derecho. Me preocupa el pacto que se sustenta en la honorabilidad, en la imagen que se proyecta, en la propia nobleza de quien lo asume acordado entre iguales. En términos romanos, el pacto que uno se exige a si mismo cumplir y, que roto, marca una seña endeleble de descrédito, de poco fiable. Porque el incumplidor se coloca voluntariamente en posicion de incivilizado, de incapaz y de inhabilitado.

El gobierno de la Generalitat de Cataluña lleva a Cataluña y a los catalanes al campo del descrédito ante sus iguales, el resto de españoles, y ante el concierto internacional de estados, organizaciones, empresas, fundaciones y asociaciones.

Si de manera unilateral, con reiteradas advertencias del Estado y de la UE -la importancia en relación a la actuación lo es en la medida que ha habido cesión de soberanía a la Union Europea-, pretende la Generalitat de Catalunya continuar con su premeditada decisión de convocar el referéndum de independencia, la imagen de seriedad, de confianza, del sentido de la historia, de enxebre, de altura colectiva, de sociedad madura y creible, saltará por los aires.

¿Quién confiará en quien no merece la confianza por no cumplir con la palabra dada? No es baladí. La sociedad civilizada se basa en normas, y en el empeño de cumplirlas por que la norma es exigible por el otro, pero lo es más por uno mismo. El salto de cultura a civilización es precisamente asumir cada día la enorme e ingente producción de pactos individuales y colectivos que nos obligan porque el sentimiento de responsabilidad es la mayor sensación de libertad.

La Generalitat de Catalunya no puede contravenir el pacto constitucional que los catalanes suscribieron y que alumbró precisamente esa Generalitat, y no otra.

La Generalitat de Catalunya no puede proponer a los catalanes que vayan a votar en un referéndum unilateral e ilegal contra la norma votada que definió y creó su propia autonomía.

La Generalitat de Catalunya no puede castigar al pueblo que la creó con el lastre del deshonor colectivo de quien es incapaz de cumplir con la palabra dada.

Si la Generalitat de Catalunya sigue por el camino emprendido será la responsable del mayor daño hecho jamás a los catalanes, política y socialmente. Los catalanes votaron sí a la nación española, sí a la democracia y sí a la autonomía, y lo hicieron como nacionales españoles administradores en libertad de nuestra soberanía.

Columna Por último, quien rompe un pacto esencial ya no tiene límites morales para romper cualquier otro pacto, acuerdo, convenio, o palabra dada. Es el fin.

  • maripili

    No anda usted desencaminado, no. Una cuestión cómo ésta, el incumplimiento reiterado de los pactos por parte del gobierno español, es la que ha llevado a muchos catalanes a no tener mas tratos con él.