Los ataques a la libertad de educación: ¿qué pasa con el modelo escolar español?

Los ataques a la libertad de educación: ¿qué pasa con el modelo escolar español?

POR CARLOS CUESTA. ¿Cómo pensar en España si se desconoce España? ¿Como pensar en un país ambicioso cuyos planteamientos y herencia cultural deben aspirar a liderar Europa e Hispanoamérica si a su propia población se la educa en la división y el desconocimiento de su historia?

Por desgracia, ninguna de esas dos preguntas se encuentra en estos momentos en la agenda política española. Y no se encuentra porque España está en otras cosas: básicamente en defenderse de los múltiples ataques políticos que recibe su sistema constitucional y la propio unidad nacional.

Pero no se da cuenta de que una de las claves, posiblemente la más importante y olvidada en esta defensa de sus principios y esencia, es, precisamente, la propia educación.

Son ya más de treinta los años que acumula España de manipulación nacionalista en los sistemas educativos de regiones como Cataluña, País Vasco o Comunidad Valenciana; de trabas a la formación escolar privada, de limitación -ya más reciente- del sistema de conciertos con los colegios privados nacido en 1985 -con Valencia y Aragón a la cabeza de este ataque a la libertad-, y de expansión de la órbita de manipulación pública -tanto política, como sindical-. Años que han dejado una impronta de fuerte fraccionamiento educativo entre las distintas autonomías y de alejamiento de los objetivos prioritarios que todo sistema educativo debe tener.

Hoy en España no dejan de descubrirse informes sobre libros de texto, en Cataluña los más evidentes, en los que se denuncian las mentiras continuas sobre la historia, enfocadas siempre a un mismo objetivo: generar en los estudiantes una concepción completamente errónea de los procesos históricos que nos han llevado a la actual España. Una concepción, más allá de la clásica leyenda negra, que se centra en el cultivo del desprecio y el odio a la nación española. Guerras de sucesión reinventadas como de secesión, reyes inexistentes que figuran como origen de supuestas naciones que nunca lo fueron, coronas que jamás se definieron como ahora se les explica a los niños, agravios que jamás existieron, y hasta alteraciones geográficas que evitan mencionar dónde nace, por ejemplo, el río Ebro, no sea que un nacionalista descubra que el agua no nace en los límites de su terruño. Todo vale con tal de alterar una historia que lejos de llevar al fraccionamiento y debilitamiento, debería unir y reforzar.

Y una concepción que hoy, en plenas alianzas entre populistas, nacionalistas y socialistas, supera el puro insulto a la historia y el culto al enfrentamiento para divulgar a través de la educación y entre los alumnos una concepción adoctrinadora y de pensamiento único. Una forma de pensar relativista, que no admite la libertad de los padres y que orienta a los niños hacia un planteamiento político netamente de izquierdas. Donde los postulados religiosos son escondidos, las recetas económicas liberales son marginadas o abiertamente criticadas, la convicción en una población necesitada de un papá Estado se hace más fuerte que nunca, y donde, por ejemplo, la explicación de la importancia de nuestra etapa histórica conocida como la Transición se esconde, no vaya a ser que alguien entienda la magnitud del desafío y pueda poner en duda las esotéricas versiones históricas que hoy distribuyen de forma sistemática los distintos partidos populistas del panorama español.

Ese es uno de los mayores retos de España en estos momentos: lograr una educación pensada para afrontar el desafío personal y profesional de los niños. No el control político y engorde electoral de determinados partidos. Ese es el gran reto. Y la gran asignatura pendiente.

  • onuba

    Autonomias, ruina de España. Fuera Autonomias.