¿Qué nos pasa con la bandera de España? Por CARLOS CUESTA

Si un separatista muestra una bandera no protegida por nuestra normativa de símbolos y contraria a cualquier opción constitucional, se convierte en un defensor de la democracia y el derecho a votar. Pero si un no nacionalista porta una bandera -la española- votada por todos en la Constitución, protegida como símbolo nacional por nuestra legislación, entonces se convierte automáticamente en un facha.
Si un jugador del Real Madrid luce una bandera andaluza -Sergio Ramos, por ejemplo- tras ganar la final de la Champions, no pasa nada. Pero si comparte esa bandera con la española -como había hecho hasta ahora- queda marcado, teóricamente, por su ideología: ¿cuál? ¿la española? ¿qué ideología es esa?
Si hay una manifestación en Navarra para evitar la fagocitación -pretendida sin descanso por las fuerzas nacionalistas y abertzales- por el País Vasco y alguien lleva la bandera española, incluso algunos de los propios organizadores le intentan ‘desanimar’ porque está “ideologizando” la movilización. Pero si un nacionalista cuelga la ikurriña en un balcón institucional navarro o quema una bandera de España en Sanfermines, las fuerzas políticas que lo respaldan lo ensalzan por su carácter democrático y su valentía en el ejercicio de la libertad de expresión.
Es más. Si compras un mini en España y plantas en el techo la bandera británica, eres un tipo guay. Pero si sacas la mano por la ventanilla del mismo coche y alguien te ve una pulsera con la bandera de España, es decir, del país que ha permitido que tengas un trabajo con el que pagar el coche, que ha logrado que se importe ese coche con los menores aranceles aduaneros, que ha hecho posible que el coche pueda circular por unas de las mejores carreteras del mundo -por lo menos, hasta que Carmena llenó las calles de carriles bici-, que garantiza que unos policías hagan guardar las normas de circulación y no te estrelles en el primer cruce, y que ha regulado la existencia de unas estaciones de servicio para que no te quedes tirado, entonces, no lo dudes, serás un peligroso aspirante a fascista.
Vargas Llosa no ha dudado en calificar el nacionalismo como sinónimo de “regresión”; ha afirmado que supone “la amenaza más grave para la construcción de Europa”; que es “exactamente lo contrario de la civilización y la integración dentro de la diversidad”; que resulta “increíble que reaparezca en Europa, donde pensábamos haber superado algo tan limitado”; que se trata de “una visión sectaria y limitada de la vida, que siempre genera guerra, discriminación y racismo”. Pero lo nuestro es peor: simplemente practicamos la idiocia.

Columna publicada por Carlos Cuesta en El Mundo.