La inconsistente promesa de apoyo constitucional de Pedro Sánchez. Por CARLOS CUESTA

Pedro Sánchez ha ofrecido al presidente del Gobierno su rechazo al referéndum ilegal.

Porque “el PSOE estará en la defensa de la legalidad y de la Constitución” y “contra cualquier intento de romperla”, según las palabras del secretario general socialista.

Es decir, que el mismo Sánchez que acaba de hacerse con el control del PSOE reivindicando que cualquier alianza hacia la izquierda es buena si expulsa al PP, sería en estos momentos el apoyo de ese PP frente al desafío separatista.

¿Es fiable ese apoyo?

Muchas cosas van a pasar en los próximos meses. En primer lugar, que de una forma u otra, con urnas en colegios, sedes de partidos o asociaciones, los separatistas incrementarán su desafío con un intento de votación que permita mantener su relato del “no nos dejan votar libremente”. Que, en base a ello, se generalizará el incumplimiento de las normas nacionales dando paso, por ejemplo, al pleno desarrollo de su Hacienda -exigiendo el pago de grandes impuestos nacionales en Cataluña-; planteando un boicot masivo a toda norma española; o iniciando declaraciones de independencia desde distintas instancias. Sabedores, a fin de cuentas, de que toda pérdida de riqueza regional tiene que ser suplida legalmente por fondos nacionales para asegurar un servicio mínimo sanitario, educativo o social. Y sabedores de que esa tensión generará un vaciado de votantes contrarios a sus tesis y una concentración de los favorables a la ruptura del orden constitucional.

En segundo lugar, Podemos seguirá respaldando al separatismo, demostrando ser el auténtico eje de un posible frente anti Rajoy y forzando al PSOE a tener que ponerle las cosas cada vez más difíciles al Gobierno.

¿Y Sánchez? Caerá en la trampa. Seguirá esa estela de radicalidad por mucho que ahora muestre su rechazo al referéndum. Porque sabe que el “no es no” a Rajoy es el único argumento que le permite ser secretario general. Y, al final, podrá respaldar la defensa de la Constitución, pero, ¿de qué Constitución? De una adecuada al nacionalismo y, por lo tanto, de una que genere más nacionalistas y reavive sistemáticamente el desafío a esa misma Constitución.
Además, y con el actual esquema de medios de comunicación, que no lo dude el PP: las acusaciones no cesarán. Las instrucciones se estirarán. Y sus políticos -y su partido, por lo tanto- seguirá recibiendo golpes de imagen. Y, mientras, Ciudadanos seguirá usando ese combustible para intentar quitarle voto.

Por último, en ese escenario, ni una de las reformas económicas necesarias -pensiones, financiación autonómica, impuestos, incentivos a la captación de empresas, familias…- podrán ser pactadas tal y como las planteó el PP.

Cuidado con la concreción de los apoyos. No sea que acaben en trampas.