La OCDE y su concepto de baja tributación. Por CARLOS CUESTA

Todos tranquilos: hay catorce países donde se pagan más impuestos sobre el salario que en España. Esa ha sido la conclusión de algunos medios tras leer el informe de la OCDE sobre la presión fiscal de los trabajadores. Es decir, que por mucho que no haya manera de ahorrar en España, no pasa nada, porque la OCDE ha constatado que, cuando no podamos pagar las clases de inglés de nuestros hijos, dotar un plan de pensiones, o costear una universidad donde de verdad enseñen a los jóvenes a ganarse la vida, siempre podremos mirar a nuestros vecinos más industrializados y pensar: calma, mal de muchos. Y porque, si en contribuciones sociales e IRPF nos quitan cuatro de cada diez euros (39,5%), no pasa nada: a los belgas les quitan 5,4 y a los alemanes 4,9. Así que, a sonreír.

El consuelo del mal de muchos es, por principio, más propio de refrán. Pero en este caso es que, por desgracia, no llega ni a ser real.
La OCDE calcula este indicador en base a la presión fiscal. Es decir, que el dato que ofrece es el cálculo del peso de la recaudación por IRPF y cotizaciones sociales con respecto al PIB. O, lo que es lo mismo, que si el número de pagadores de la fiscalidad del trabajo es notablemente menor que el de los países vecinos -por tener una tasa de paro del doble (caso español)-, aunque cada uno de los contribuyentes pague individualmente más, la recaudación total pesará menos frente al PIB que en otros países, y, en consecuencia, el dato dibujará una supuesta fiscalidad más baja que la del resto, aunque el pago tributario individual pueda ser superior.

Y esa es la clave para saber realmente si nuestra fiscalidad sobre el empleo es baja o alta en relación a la de las economías industrializadas con las que tenemos que competir: el esfuerzo tributario individual, no la recaudación global.

La Fundación para el Avance de la Libertad publicó hace un año su estudio sobre el cálculo individualizado de presión tributaria. Y la fotografía era un tanto distinta de la de la OCDE. Así, un trabajador español con un sueldo anual de 24.400 euros brutos -sueldo muy cercano a la media española de ese ejercicio- destinaba el equivalente al salario de 37 días al IRPF, 102 a la Seguridad Social, 25 al IVA, 12 a impuestos especiales y cinco a otros impuestos. En total: 181 días laborales o, en factura impositiva, 15.706 euros anuales destinados a las arcas públicas.

Todo ello, sin contar con que el reducido nivel salarial comparado del sector privado español está causado en parte por la fuerte contribución que soportan los empleadores -empresas- al pago de la Seguridad Social de cada empleado, dato en el que España es el séptimo país más caro de la OCDE, con sólo dos grandes economías por delante: Francia e Italia, ambas, casualmente, híper endeudadas.

Esperemos que alguna vez la OCDE deje de aportar argumentos a los Gobiernos para que sigan sin aliviar nuestra inflada factura fiscal.

Columna publicada por Carlos Cuesta en El Mundo.