90 años de Benedicto XVI. Por el Cardenal Arzobispo de Valencia D. ANTONIO CAÑIZARES

El Papa emérito Benedicto XVI hace unos días cumplió 90 años. Nos unimos de todo corazón a su persona en esta fecha jubilar. Damos gracias a Dios por su persona, en quien ha brillado para toda la Iglesia la misericordia inmensa que Dios ha tenido por la Iglesia al poner al frente de ella un pontificado tan lleno de bendiciones para todos. Un pontificado y una vida que siempre nos han dicho y entregado a todo el mundo el gran mensaje, la gran verdad, la gran luz que todos necesitamos, que el mundo necesita, en estos momentos nada fáciles: sólo Dios.

De una vez, de una vez por todas, nos dijo (con aquel gesto de su renuncia, mal comprendido por tantos, y sigue diciéndonos ahora con su vida escondida con Cristo en Dios, en un silencio semejante al de Nazaret o al de la Cruz, en una «clausura» para la oración y la contemplación, para sólo Dios y para Dios, en una kénosis o despojamiento, imitando, o más bien, teniendo, los mismos sentimientos de Jesús, como dice San Pablo a los Filipenses) que Dios existe, que Dios es, que Dios es Amor, que Dios es el centro de todo, que ama a los hombres con verdadera pasión. Lo vemos y palpamos en la persona de su Hijo. Y no los abandona, y suscita y genera una confianza que sobrepasa los cálculos y estrategias humanas, y es Él quien guía y conduce la historia, y lleva a la Iglesia, la cuida, la alimenta, la orienta, y que estamos en sus manos. ¡Y qué manos de amor y misericordia, de Padre verdadero!

Lo más fundamental y básico para los hombres de su vida, de sus enseñanzas, de sus signos tan elocuentes, ha sido lo que es lo más importante, lo únicamente importante para el hombre, para la Iglesia y para este mundo tan convulso, al que ella sirve: Dios. En su libro Jesús de Nazaret, al abordar el tema de las tentaciones de Jesús, se pregunta: «¿Qué es lo que nos ha traído Jesús? Y su respuesta es muy sencilla: «Donde está todo y se contiene todo: Nos ha traído a Dios».

Benedicto XVI también, por su parte, nos ha traído a Dios, ha confiado en Él y nos ha confiado a Él, y no ha fallado. La prueba la tenemos en esos 90 años que acaba de cumplir; y como botón de muestra recordemos sus tres encíclicas: Deus caritas est (Dios es amor, caridad), Caritas in veritate (Caridad en la verdad) , Spe Salvi (Salvados en esperanza); y, podemos añadir, la encíclica casi terminada por Benedicto y asumida después por Francisco, en un gesto precioso de humildad y sabiduría, Lumen fidei (La Luz de la fe).

Para acabar, reafirmando esto, puedo contar una anécdota personal que corrobora esta centralidad de Dios en Benedicto XVI –que es clave de todo y para todos–. Hacía cuatro días que se había hecho público mi nombramiento como obispo de Ávila. Fui a Roma para entrevistarme, en calidad de secretario de la Comisión Doctrinal Española, con el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Nunca olvidaré aquella entrevista. Su trato, como siempre ha sido con todos, fue exquisito, cercano, sencillo, amable, delicado, cordialísimo. El asunto por el que me entrevistaba se despachó enseguida y entró él en mi nombramiento reciente como obispo de Ávila. En aquel encuentro, como un padre o como un hermano mayor, me habló, más o menos en estos términos, que resumo: «El Santo Padre le ha nombrado obispo de Ávila, famosa por sus murallas, cierto; pero, sobre todo, importante por Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz; y ya sabe lo que estos santos nos indican: ‘Sólo Dios, sólo Dios basta’; esto es lo principal para el ministerio episcopal: Dios por encima de todo, vivir y actuar en comunión con la voluntad de Dios, ser testigo de Dios, adorar a Dios, anunciar en todo momento a Dios, ayudar a conocer y amar a Dios; Dios siempre y por encima de todo. Este debería ser el norte y el horizonte de su ministerio episcopal, de todo obispo, el de la Iglesia».

Y eso, por su luz y con la ayuda de Dios, y el apoyo de los santos abulenses, es lo que me ha guiado en los casi 25 años de obispo que hoy cumplo. Pero es que esto es lo que hemos podido aprender y seguir aprendiendo de Benedicto XVI. ¡Gracias de verdad y de todo corazón, querido Benedicto XVI! Es lo que todos estamos necesitando, y ese es el futuro. Con esto iremos por camino seguro, certero y con luz; con eso haremos todos juntos en una fraternidad total hacia esa nueva tierra donde habite la justicia y el amor y la paz. Ése es el camino del hombre y de la Iglesia: Dios revelado en el rostro humano de su Hijo Jesucristo. Esto es lo verdaderamente decisivo: sin Dios no habrá paz, ni convivencia entre los hombres, ni apuesta por el hombre y su dignidad inviolable, sin exclusión de nadie. Esto es necesario y urgente decirlo a todos: es el gran futuro del hombre y de la humanidad. Y esto es lo que caracterizan de manera destacada los 90 años de Benedicto XVI. ¡Gracias, Dios nuestro, por este don a la humanidad y a la Iglesia que está siendo Benedicto XVI!

Columna publicada en La Razón por el Cardenal Arzobispo de Valencia D. Antonio Cañizares.