La ratonera y el PP. Por CARLOS CUESTA

Dudo de que el PP llegase a pensar que la cosa iba a terminar así. Que tras años de denunciar la corrupción del PSOE y exhibir su propia gestión económica como grandes armas electorales, pensase que podría encontrarse con todos los medios hablando de sus acusaciones de corrupción, y que, incluso ganando las elecciones, no consiguiese gobernar -porque cuando no puedes ni aplicar una sentencia de Luxemburgo sobre estibadores, no es gobernar-. Y cuando no sumas en el Parlamento porque te consideran un apestado, no es gobernar.
Dudo de que alguna vez el PP pensase que su negativa a despolitizar el Poder Judicial; a dar un estatuto de verdadera independencia a los fiscales; a impulsar una reforma de verdad de la ley electoral que diese el poder sobre las listas, no a los jefes del partido, sino a los votantes; su negativa a abrir el panorama de las televisiones para que no sólo sentasen doctrina mediática los mismos; a recortar los chiringuitos autonómicos para cortar los verdaderos pozos de contratación dilapidadora y corrupta; su negativa a abrir el partido para evitar los eternos dedazos; o a permitir que en el partido entren profesionales con ganas de impulsar reformas ambiciosas y no los manidos cachorros de partido, perfectamente seleccionados entre los mejores pelotas; dudo que pensase que todo ello iba a llevar a su partido a una ratonera como la que ahora vemos.

Pero aquí ha llegado: a una interminable serie de imputados que ha tumbado las posibilidades de gobernanza real de un partido que comenzó su andadura con buenos principios y resultados y ha acabado en el fango de las acusaciones. A un inacabable listado de casos de presunta corrupción que nadie sabe si acabarán en condena, en eterna prisión preventiva -como la de Granados-, en archivo -como el 90% de las acusaciones en Valencia o Murcia-, o en absolución, pero que se lo han puesto muy fácil al resto de partidos para que el centro derecha en España haya quedado laminado como ideología. Primero, porque ni el PP lo defiende con ganas, y segundo, porque la izquierda se ha encargado de extender la sombra de la corrupción, no a las personas afectadas, sino a su supuesta ideología -función más que sencilla, cuando controla la inmensa mayoría del espectro mediático y se dedica a silenciar las denuncias de corrupción que afectan al resto de partidos-.

Esa ratonera ya se ha cobrado la dimisión de Esperanza Aguirre y nuevas imputaciones. Pero el daño se lo lleva todo el partido. Por no querer hacer los cambios que aparecían en su propio programa. Por no limpiar a tiempo.