La comunicación: hacia unas relaciones humanas “verdaderamente” humanas. Por SERGIO PÉREZ

Paul Watzlawick dijo que “es imposible no comunicar”. Dicho de otro modo, todo comunica, tanto las palabras como los gestos, los silencios… Siguiendo con este argumento hay que señalar que, entre otras cuestiones, hay tres aspectos, que se pueden considerar fundamentales en la comunicación: la observación, la escucha y las preguntas. Repito, entre otros aspectos, pues los elementos que integran la comunicación son múltiples. Explicaré por qué considero que los tres aspectos mencionados son relevantes para una comunicación eficaz y eficiente.

En cuanto a la observación decir que es un ingrediente que favorece la interacción y la conversación pues permite, entre otros factores, el feedback o la retroalimentación para continuar la conversación en una u otra dirección. Además, facilita obtener información y conocimiento de la otra persona para sintonizar mejor con ella. La escucha favorece la empatía, ponerse en el lugar del otro, el diálogo con la otra persona. Y finalmente, la pregunta propicia el intercambio entre dos personas si se utiliza convenientemente, promoviendo en la persona que está siendo preguntada una sensación de comodidad en la interacción. Es decir, tres elementos que potencian la atención hacia el interlocutor.

La pregunta ahora es, ¿por qué se han presentado estas nociones mínimas de comunicación? Conectamos lo que se ha dicho hasta el momento con la realidad cotidiana. Y se necesitan otras preguntas para establecer vínculos con lo que se acaba de comentar. ¿Utiliza usted la observación de un modo consciente? ¿Escucha con atención a su interlocutor? ¿Pregunta, si lo necesita, para comprender y ayudar mejor al otro? ¿Cuándo va caminando por la calle presta atención a sus iguales para cederles el paso si es necesario, en definitiva, atiende a su entorno inmediato o está volcado hacia sus intereses y necesidades y no ve más allá?

Sinceramente, cuando observo a las personas percibo que, en ciertas situaciones, no observan para captar y prestar atención, van como se suele decir en términos coloquiales “a la suya”, y te encuentras tú cediendo el paso a todo el mundo, y pocos, solo alguno, dejándote pasar a ti. Las personas, en multitud de momentos, miran pero no “ven”, oyen pero no escuchan, preguntan pero sin esperar respuesta.
Propongo en este punto que se cultiven las “artes” de la observación, de la escucha y de la pregunta, pues favorecen la interacción, el diálogo, la comunicación, la convivencia y el respeto mutuo. Son pequeñas acciones que tienen grandes efectos en nuestras vidas, en la vida de cada cual.